La respuesta la dan a viva voz los bodegueros de las 27 regiones vinícolas del planeta, que han emprendido hace años una lucha sin cuartel contra el calentamiento, que ya afecta gravemente a las cosechas y calidad de los vinos. Por ello, se busca con tesón alternativas para adaptar las especies de uvas y las formas de cultivo a los impactos del cambio climático. Y es que la viña es un cultivo que depende completamente del clima.
En una reciente mesa redonda, bajo el título Vino y cambio climático, celebrada en un congreso de comunicación ambiental celebrado organizado por la Empresa Nacional de Residuos Radiactivos (Enresa), se llegó a la discutió de cómo «La vendimia se estaba adelantando de media 11 días en los últimos 20 años», y como aseguraba Pancho Campo, presidente de la Academia del Vino y del Congreso Mundial de Cambio Climático y Vino, <<ese acortamiento de la etapa de maduración de la uva provoca que cuando alcanza el grado alcohólico adecuado aún no ha madurado fenológicamente el fruto>>. Maduración que es prioritaria para el mayor paso de los compuestos aromáticos y materia colorante al vino. La pulpa puede estar madura, pero el resto de la uva está verde todavía y entonces el vino tiene sabores herbáceos, tan negativos para la cata y el consumidor.
También, sube el grado alcohólico y baja la acidez, que es precisamente lo que da al vino su poder de longevidad y la estabilidad microbiana.
El cambio climático está modificando los patrones de las plagas del viñedo: bacterias, hongos y virus que el frío controlaba.
Los viticultores tendrán que adaptar sus cultivos a los cambios que vayan registrándose en su región: buscar la variedad adecuada ligada a la identidad del vino, evitar la maduración rápida, modificar con técnicas de cultivo el calor excesivo en el racimo, un uso distinto del riego y nuevos productos de tratamiento de la planta.
«Ante el cambio climático, es necesaria una nueva cultura del vino», concluye Pancho Campo. Cambios que habrá que introducir para adaptarse al calentamiento. Por ejemplo, en las botellas, que pesan y cuestan energéticamente. O en el tapón, puesto que los nuevos sintéticos gastan energía y se emiten CO2, mientras que el corcho natural lo absorbe.
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