Cuba y sus bebidas:
En un país donde la caña de azúcar es el cultivo nacional, no sorprende que uno de sus destilados, el ron y sus diferentes combinados sean la seña de identidad de Cuba. El más popular de este destilado, conocido entre los isleños como “vitamina r” es el cubalibre, aunque hoy resulte una sangrante ironía en un país que sufre desde hace más de seis décadas una opresora tiranía, salvo, claro, que se refiera a los cubanos del exilio.
Y es que es una bebida bien refrescante, muy apropiada para estas latitudes tan calurosas, aparte de lo sencillo de su preparación. Efectivamente, basta con mezclar ron blanco, con refresco de cola (evidentemente en los combinados en la isla no se encontrarán refrescos yankees, por motivos obvios) y limón, en el caso de los líquidos en la proporción al gusto del consumidor, dependiendo de que lo quiera más fuerte o más ligero.
El ingrediente básico es el ron, siendo el cubano considerado como uno de los mejores del mundo, elaborado por los maestros roneros, en sus diferentes variedades, blanco, dorado, añejo… y con marcas emblemáticas com el Havana Club o Legendario, y otros más tradicionales como el Santiago de Cuba y Cubay. Los más puristas, sin embargo, prefieren beberlo solo, “al strike”.
Entre los combinados, uno de los más populares es el mojito, auténtico símbolo de la cubanía. Se trata de un cóctel para antes de las comidas, elaborado con ron blanco e ingredientes frescos y sencillos, a saber, azúcar, zumo de limón, hierbabuena, hielo y agua con gas. Últimamente se han popularizado las versiones frappé, coloridos mojitos a base de frutas frescas como el melón, la piña y la maracuyá, e incluso las hay sin alcohol, aunque éstas últimas, sin el ron, pierden su esencia.
Originalmente este cóctel se conocía como “draquecito”, brebaje que consumían los piratas que merodeaban por los mares de las Antillas. El mojito que conocemos hoy en día fue lanzado a la fama desde la archiconocida Bodeguita del Medio habanera.
Y otro bar habanero famoso, el Floridita, lanzó al estrellato otro cóctel clásico cubano, el daiquiri, de la mano de uno de sus clientes habituales, el escritor estadounidense Ernest Hemingway. Un combinado que no solo se consume en bares y restaurantes, sino en los propios hogares, en cualquier ocasión festiva que se presente.
Se discute sobre el origen de este popular trago, si fue en una mina de hierro o la más plausible, en la playa de Daiquiri. En cualquier caso, donde realmente arrancó la bebida fue en la región de Santiago de Cuba, en el extremo oriental de la isla de Cuba, ciudad cuna del ron ligero que es su ingrediente básico.
Se trata de un coctel frío, que se puede preparar frapeado. La receta es muy sencilla y se compone de ron blanco, azúcar blanco, zumo de limón y marrasquino. Además, combina perfectamente con distintas frutas tropicales, como el mango, la piña o la guayaba.
Menos conocido, aunque también típica bebida cubana es el trago manbí canchánchara, símbolo de la resistencia de los rebeldes de la primera revuelta o Guerra Chica -la Guerra de los Diez Años- contra España, conocidos como mambises. Originalmente se tomaba caliente, para proteger a los soldados del frío de la noche y de infecciones respiratorias. Si bien, hoy en día, se toma acompañado de hielo, haciéndola una bebida bien refrescante.
Se elabora con ingredientes naturales y bien sencillos, como son el aguardiente de caña de azúcar, miel y limón. Uno de los lugares más emblemáticos para degustarlo es la casona “La Canchánchara”, de la calle Real del Jigüe, en la ciudad de Trinidad, donde además, un grupo de música ameniza el trago al ritmo de sones cubanos. Esta singularidad trinitaria se consume en una taza de barro, que simula la jícara, es decir, la vasija donde la tomaban los mambises.
Y la caña de azúcar vuelve a ser la base de otra bebida cubana, la más barata, el guarapo, el jugo extraído de dicha planta, y que tiene un alto valor nutricional y energético. Se extrae directamente de la caña y se pasa por el trapiche, la máquina que permite extraer su jugo. El producto se consume al instante – si se deja para más tarde, adquiere una tonalidad poco apetecible-, acompañado de bastante hielo picado, y preferiblemente en los clásicos establecimientos conocidos como “guaraperas”. Eso sí, al principio hay que tomarlo despacito, si no se quiere sufrir, por beber algo muy frío el mal llamado “la punzada del guajiro” (guajiro es la palabra con la que se conoce al campesino cubano).
Cuba no es tierra de vinos, la tierra no era propicia para el cultivo de la vid, pero sí que tiene sus propias cervezas, esa bebida imprescindible para aliviar la sed en las calurosas jornadas caribeñas. Hay marcas más baratas como la Cacique, la Mayabe, la Bruja y la Tínima,
A otro nivel están la Cristal y la Bucaneros, las más codiciadas de la Isla. La primera, según su leyenda –“Cristal, la preferida de Cuba»-, es una cerveza de sabor suave, aunque tiene 4,9 grados de alcohol. Tiene un leve tono dorado y un ligero sabor a lúpulo que refresca y revitaliza. La Bucanero es una cerveza robusta de sabor más fuerte y 5,4 grados de alcohol. De un color ámbar más profundo, esta cerveza deja una sensación agradable y refrescante.
Y esta relación de bebidas cubanas no puede terminar sin referirnos a la amplia variedad de jugos y batidos de frutas, de toda clase de frutos que da esta fértil tierra y su clima tropical; así como el café, fuerte, oscuro y con un sabor único, muy apreciado por los naturales del país, y que no desmerece de los cultivados en otras latitudes.












